sábado, 11 de septiembre de 2010

Tema 6. La Oratoria y la Retórica: Cicerón y Quintiliano.

I. INTRODUCCIÓN.

            La oratoria es el arte de hablar bien, convenciendo, y, a ser posible, deleitando. Se aprendía acudiendo a los tribunales y oyendo a famosos oradores. En la sociedad romana el dominio de la palabra era imprescindible para quien quisiera seguir el cursus honorum (prácticamente la única salida para los jóvenes patricios, aparte del ejército). Por otra parte, en Roma cualquiera podía presentar un caso ante los tribunales, bien como defensor bien como fiscal.

            Originariamente lo que se valoraba en un discurso era ser poseedor de la verdad, pero, poco a poco, “la verdad” sería poseída por quien fuera capaz de defender mejor su posición. Es aquí donde entra en juego la retórica como conjunto de técnicas y procedimientos para hablar bien; o sea, la retórica se convierte en un aprendizaje al que había que someterse y que estaba en manos de los rhetores[1] o maestros de retórica, la mayoría de ellos griegos. Ser orador requería una sólida formación en derecho (a fin de conocer las leyes), historia (para recurrir a ejemplos del pasado), filosofía (como ayuda en la búsqueda de argumentos morales) y literatura (para pulir la forma de los discursos).

            El origen de la retórica hay que buscarlo ¡cómo no! en Grecia, particularmente en la corriente filosófica de los sofistas, que enseñaban a defender igualmente tanto un punto de vista como el contrario.

II. CICERÓN.

            BIOGRAFÍA

            Marco Tulio Cicerón es el única romano de quien se puede escribir una biografía en serio gracias a la multitud de fuentes que nos la transmiten con todo lujo de detalles. Nació en Arpino el año 106 a.C. Su familia pertenecía a la nobleza rural, no a las familias dirigentes de la república romana; no obstante, el joven Cicerón recibió la mejor formación con los mejores maestros del momento; en Roma estudió derecho, filosofía, retórica, literatura… Perfeccionó la retórica y la filosofía en Rodas y Atenas con Molón. Toda su vida estuvo encaminada a conseguir las más altas dignidades políticas, reservadas casi en exclusiva a la nobleza dirigente. Diría con orgullo que desempeñó todos los cargos “suo anno” (con la edad mínima requerida). Llegaría, a pesar de ser un homo novus[2], a lo máximo, a cónsul. Durante su consulado se desencadenaría la conjuración de Catilina, golpe de estado que el cónsul Cicerón logró sofocar, pero que provocó que al término de su mandato fuera exiliado, debido a irregularidades procesales al ajusticiar a algunos conjurados que eran ciudadanos romanos. Su orgullo quedaría gravemente herido por el trato recibido, siendo como fue “el salvador de la patria”. A la vuelta del exilio se desata la guerra civil entre César y Pompeyo. Tomó partido por los pompeyanos, que terminarían perdiendo. César, no obstante, lo perdonó, pero ya no tendría ningún papel en política. Tras la muerte de César, Marco Antonio pidió en la reunión del triunvirato (formado por él junto con Lépido y un muchacho llamado Octaviano) que fuera incluido en la lista de los proscritos, pues se la tenía jurada por los furibundos ataques que Cicerón le dedicó[3]; ordenó que le cortaran la cabeza y las manos y que las expusieran en el foro, confiscó sus bienes y ordenó la damnatio memoriae; corría el año 43 a.C.

            Cicerón fue un hombre de gran formación y sensibilidad, abogado inteligentísimo, brillante orador, político, filósofo y escritor. Su producción literaria es muy amplia, vamos a mencionar únicamente unas pocas.

            OBRA

            Conservamos 58 discursos, que podemos clasificar en discursos privados (en defensa de particular) y políticos; estos últimos a su vez se dividen en discursos ante el Senado, el pueblo y César. Sólo usó el arma de su palabra para la defensa; no quiere actuar como acusador, sino como abogado[4]. Sus discursos se apoyan en la más concienzuda preparación poniendo especial énfasis y energía en las partes finales del discurso[5]. Maestro en el arte de la palabra, disponía de múltiples recursos retóricos: metáforas, alegorías, metonimia, anáfora, poliptoton…, pero sobre todo una cuidadosa construcción y deconstrucción de los períodos verbales.

            Entre los discursos privados, destacaremos el Pro Archia (para adquirir la ciudadanía romana del poeta Archias), In Verrem (para proteger la provincia de Lilibeo, en Sicilia, del gobernador Verres, que la había expoliado y desangrado). Dentro de los discursos públicos, vamos a mencionar In Catilinam (contra el noble Lucio Catilina que dio un golpe de estado), In Antonium, o Filipicas (en el que ataca a Marco Antonio tanto en su proceder político como en sus vicios personales. Es un importantísimo documento sobre el final de la República Romana).

            Además de los discursos, Cicerón es un teórico de la oratoria, habiendo escrito varias obras sobre el tema. Sólo vamos a mencionar algunos títulos y los temas que tratan:

- De Oratore. Es un tratado sobre la formación del orador. Se pregunta Cicerón por qué ha habido tan pocos hombres destacados en el arte de la elocuencia en comparación con las demás artes; la respuesta no podría ser otra que la magnitud y dificultad de la propia elocuencia.

- Brutus. Nos ofrece una historia de la oratoria romana para analizar su grado de evolución.

- Orator. Vuelve al problema de la formación del orador ideal.

            LENGUAJE, ESTILO E IMPORTANCIA

            Cicerón es junto con César el modelo de prosa clásica latina. Su estilo retórico se encuentra equidistante entre el de la escuela ática[6] y el de la escuela asiática[7]. Es también fuente importantísima de conocimientos de la vida social y política de la Roma del siglo I a.C., así como de la oratoria romana de todas las épocas.

III. QUINTILIANO.

            BIOGRAFÍA

            Nació en Calagurris, la actual Calahorra. Vivió durante el siglo I d.C. (35 – 95). Estudió en Roma, donde su padre era rétor, y allí pasó la mayor parte de su vida. Fue un abogado muy famoso, también fue el primer profesor de retórica a sueldo del Estado. El emperador Domiciano le encargó la educación de algunos de sus sobrinos. Recibió grandes honores y dignidades de Vespasiano y Domiciano.

            La oratoria en su época había decaído notablemente, pues carecía del principal ingrediente para su desarrollo, la libertad (que había terminado con el final de la república). La falta de libertad de expresión había traído una oratoria servil, aduladora y cobarde, convirtiéndose, sobre todo, en instrumento de panegírico del princeps o de personajes importantes de su corte.

            OBRA

            Su obra principal es De institutione oratoria, dividida en doce libros. Trata sobre la formación del orador a la par que nos trasmite su juicio sobre la poesía y la prosa de griegos y romanos. En esta obra, Quintiliano recoge todos los saberes prácticos de un viejo maestro, y éste es precisamente su mayor mérito, sus indudables cualidades pedagógicas.

            Quintiliano defiende una vuelta al clasicismo, un regreso a los valores literarios de la época de Cicerón, a quien toma como modelo (sin embargo, se distancia de él por ser el lenguaje de Quintiliano enrevesado y recargado, como era el propio de su tiempo). Le interesa mucho la educación de la infancia y la juventud.

            Como causas de la decadencia de la oratoria señala el abandono de los modelos clásicos; no pudo o no quiso hablar de las causas políticas y culturales, que eran mucho más profundas.



[1] Los rhetores enseñaban a encontrar argumentos y organizarlos; a adaptar el discurso al público, al momento y al lugar; a acomodar la forma al contenido; a utilizar los recursos estilísticos… Para ello se servían de las suasoriae y las controversiae.
[2] Homo novus, es el que no acredita tradición familiar en la vida política. Cicerón lo era por ser plebeyo.
[3] Entre otros, con sus Filipicas, ocho libros dedicados por entero a zaherir y menoscabar a Marco Antonio, favorito y lugarteniente de César.
[4] Incluso cuando un título parece indicar un ataque, el ataque se hace en realidad para proteger una provincia (In vera), el Estado (In Catilina, In Antonium).
[5] Un discurso consta de 5 partes: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio. Daba a la actio una indiscutible primacía.
[6] Estilo sobrio, seco con mayor atención al fondo que a la forma.
[7] Estilo hinchado, de adornos retóricos y con prevalencia de la forma sobre el fondo.

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